Reflexiones a favor de la custodia compartida
La custodia compartida implica que ambos progenitores tengan a sus hijos en compañía por tiempos equiparados, compartiendo la autoridad y responsabilidad en todos los aspectos que afectan al menor. Esto garantiza al niño su derecho fundamental a mantener la relación con ambos padres, incluso tras la ruptura de la pareja.
Desventajas de la custodia exclusiva
Cuando la custodia es exclusiva para uno de los progenitores, pueden aparecer problemas como:
Sobrecarga de responsabilidades para el progenitor custodio, con poco tiempo para actividades gratificantes con los hijos.
Empeoramiento de la situación económica familiar.
Creación de dependencia afectiva entre el progenitor custodio y el menor, con pérdida del vínculo con el otro progenitor.
Marginación o superficialidad en la relación con el progenitor no custodio.
Sentimientos negativos en el niño: abandono, culpa, percepción de deslealtad.
En muchos casos, la custodia exclusiva supone de facto el “divorcio entre progenitor no custodio e hijo”, aunque ninguna de las partes lo haya decidido. La sociedad también puede estigmatizar situaciones en que la madre cede la custodia por motivos de horario, trabajo o competencia percibida del padre.
Beneficios de la custodia compartida
La custodia compartida aporta ventajas significativas tanto para los hijos como para los progenitores:
Continuidad de la vida familiar: el niño mantiene la relación con ambos padres.
Distribución equilibrada de responsabilidades: fomenta la implicación de ambos padres en la crianza y educación.
Reducción de conflictos y culpabilidad en los hijos: los niños no se sienten responsables de la ruptura.
Participación activa del padre: mantiene vínculos afectivos y reduce el riesgo de impago de pensiones.
Visión equilibrada de la educación: se evitan extremos en la percepción de cada progenitor (progenitor “bueno” vs. “malo”).
Ahorro económico y reparto de gastos: los gastos de los hijos se satisfacen conjuntamente, evitando tensiones económicas.
Reflexión final
Si bien las parejas esperan permanecer juntas toda la vida, muchas veces esto no es posible. El interés del menor debe prevalecer sobre beneficios personales o conflictos entre progenitores.
El modelo de custodia compartida contribuye a:
Una sociedad más igualitaria, donde ambos padres participan activamente en la crianza.
Evitar que factores económicos primen sobre el bienestar real del niño.
Reducir conflictos judiciales mediante acuerdos previos o planificación familiar.
En conclusión, la custodia compartida debería ser la norma habitual, reservando otras modalidades únicamente para casos en los que existan razones objetivas que la desaconsejen.
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