Terapia psicológica asistida con animales
Está ampliamente demostrado que la utilización de animales para mejorar diferentes aspectos de la salud mental y física de pacientes con distintos problemas produce mejoras terapéuticas, en muchos casos superiores a la terapia convencional.
Ya hace años que se utilizan caballos y delfines en contextos clínicos: caballos con niños con parálisis cerebral y delfines en pacientes con depresión grave. Sin embargo, hoy en día los perros se han consolidado como co-terapeutas accesibles para todo tipo de población, desde niños hasta adultos y personas mayores.
¿Qué nos aporta un perro como co-terapeuta?
Establecer una relación con un perro durante la terapia genera aceptación auténtica, conexión emocional y un flujo de emociones positivas sin juicio.
El perro actúa en diferentes ámbitos: infancia, adolescencia, adultos con ansiedad o depresión, aislamiento social, tercera edad y personas con discapacidad. Su presencia permite que los pacientes se relajen y se abran a los objetivos terapéuticos.
El perro de terapia actúa en diversos ámbitos: infancia, adolescencia, trastornos de ansiedad y depresión, aislamiento social, tercera edad y discapacidades.
La terapia asistida con animales, ¿es una modalidad de terapia?
La terapia psicológica asistida con animales no reemplaza la metodología científica de la terapia convencional. Es un vehículo que potencia los efectos de técnicas psicológicas ya demostradas, como relajación, reestructuración cognitiva o manejo de ansiedad.
El perro ayuda a crear un espacio seguro y afectivo donde el paciente puede expresarse sin sentir presión. Según los objetivos, la interacción puede ser pasiva (acariciar al perro) o activa (juegos simples como “ven, trae la pelota”), facilitando avances significativos en socialización, autoestima y manejo emocional.
En niños con autismo, la conexión con el animal suele ser más sencilla que con humanos, permitiendo logros importantes en interacción y comunicación.
¿Cómo es un perro de asistencia psicológica o apoyo emocional?
La raza no es determinante; lo esencial es que el perro sea cariñoso, alegre pero equilibrado, disfrute de la compañía humana y, en algunos casos, sea hipoalergénico.
Perros como Golden Retriever o Bichón Frisé reúnen muchas de estas cualidades y se adaptan bien a distintos entornos terapéuticos. El perro es co-terapeuta, nunca sustituto del profesional, y ayuda a reforzar los objetivos del tratamiento psicológico.
¿Es el perro el terapeuta?
No, en absoluto, es un ayudante, un co-terapeuta. Nos ayuda en partes del tratamiento en los que queremos dejar aparte partes fundamentales de la terapia, como puede ser la corrección de pensamientos, el aprendizaje de nuevas conductas, el análisis de las actuaciones del paciente, para dejar un espacio de expresión en el que la persona se sienta acogida, relajada, que deje atrás ese rol de paciente para sentir la naturalidad de la acción junto al perro.
Dependiendo de los objetivos, puede significar simplemente que el animal se deje acariciar, consiguiendo bajar los niveles de cortisol y reducir el estado de ansiedad, otras veces la interacción con respuesta del animal (ven, trae la pelota, dame la pata), puede hacer romper barreras a personas muy bloqueadas en su interacción.
En niños con autismo, es mucho más sencillo la conexión con el mundo animal que con el mundo de los humanos, permitiéndose logros importantes en su nivel de interacción.
Los problemas de conducta también tienen un buen campo de actuación, la actitud colaborativa y lúdica que se establece entre un niño y el perro, en el que ve que su autoestima dañana no requiere una actuación disruptiva para sentirse “alguien” (malo pero alguien), sentir la mirada del perro, su deseo de jugar y su alegría al verle aparecer, suele tener efectos muy positivos
¿Y si me encariño con mi perro de terapia?
Los perros de terapia están seleccionados por sus cualidades de interacción, por los beneficios emocionales que saben aportar y su docilidad, y están adiestrados para poder aportar todos estos aspectos positivos de equilibrio emocional o mejoras en la relación de los humanos, pero no son perros en venta.
No obstante, en muchas ocasiones la persona decide integrar un perro en su propio núcleo familiar, y en ese sentido se le aconseja sobre las características que debe tener el perro, dejando que establezcan posteriormente su propia relación con su mascota.
¿En qué casos se ha mostrado eficaz el uso de perros de asistencia en las terapias?
El campo de actuación es amplio, y abarca muchos segmentos de población y diferentes patologías, ya que las posibilidades de actuación están diseñadas expresamente para cada problema.
En los siguientes gráficos expondremos de una forma general, no pormenorizada, los diferentes problemas que pueden ser abordados con una terapia asistida con animales.