La actitud modula la aptitud en los estudios
La actitud ante los estudios es, en muchas ocasiones, más determinante que la propia aptitud. El esfuerzo, la motivación y la forma de afrontar las dificultades forman parte de esa actitud que condiciona el rendimiento académico.
Dos palabras muy parecidas, y sin embargo, una profundamente dependiente de la otra.
Actitud y aptitud: dos conceptos diferentes
En Consulta Psicológica Villaverde nos centramos en la actitud hacia los estudios como una orientación positiva hacia la tarea. La actitud es la predisposición con la que el adolescente se enfrenta al aprendizaje y a los retos académicos.
Las aptitudes, en cambio, son cualidades diferentes en cada persona. Todos los alumnos presentan fortalezas y debilidades: no podemos ser buenos en todo ni los mejores incluso en aquello que se nos da bien.
Por qué no basta con tener aptitud
Tradicionalmente se ha puesto el foco en la aptitud como condición imprescindible para el éxito académico. Si un alumno no tiene facilidad para una materia, casi se da por hecho que suspenderá.
Sin embargo, centrarse únicamente en las aptitudes resulta limitado. No sería lógico estudiar solo aquello que se nos da bien. ¿Dónde quedaría entonces el espíritu de superación, el amor propio o el esfuerzo por alcanzar objetivos?
La aptitud es importante, pero no es condición suficiente para lograr un buen rendimiento académico.
Tenemos el ejemplo de alumnos de altas capacidades que presentan altas tasas de fracaso escolar: no se sienten motivados por lo que estudian.
La actitud como factor modulador del rendimiento
Para que las capacidades de un alumno se desarrollen, es necesario un factor modulador de primera magnitud: la actitud.
Esa predisposición hacia la tarea impulsa la constancia, el esfuerzo y la capacidad de aprendizaje, generando mejores resultados independientemente de las aptitudes iniciales.
Un adolescente con facilidad para una asignatura, pero sin interés ni motivación, difícilmente avanzará. Si no se esfuerza ni se implica, esas destrezas acaban quedando infrautilizadas.
Cuando hay dificultades, pero una buena actitud
Por el contrario, un adolescente con dificultades en una materia, pero con deseo de mejorar, suele poner en marcha estrategias básicas para progresar: atender en clase, repasar, preguntar, volver a intentarlo.
Puede que no alcance un sobresaliente, pero habrá conseguido dos logros fundamentales:
Demostrar amor propio al enfrentarse a sus dificultades.
Luchar por sus objetivos y metas personales.
Estos aprendizajes trascienden el ámbito académico.
La actitud hacia los estudios como aprendizaje vital
Por este motivo, más allá del nivel de inteligencia o de las aptitudes concretas, padres, docentes y orientadores deberían reforzar la actitud hacia el aprendizaje.
La forma en que un adolescente se enfrenta a los estudios es un buen predictor de cómo afrontará los retos en otras áreas de su vida.
Trabajar la actitud implica intervenir en:
la autoestima
el afrontamiento positivo
la motivación intrínseca
el refuerzo de los logros
Actitud y aptitud: dos caminos posibles
Si un adolescente tiene una buena actitud hacia los estudios, estáis de enhorabuena.
Si además cuenta con buenas aptitudes, el camino puede resultar más sencillo.
Sin embargo, una buena aptitud sin actitud puede convertir el aprendizaje en una experiencia frustrante.
Es como tener dos cocineros: uno con ingredientes excelentes que cocina sin cuidado, y otro que, con pocos recursos, imaginación y mimo, prepara un plato exquisito.
Trabajar la actitud: un reto importante para los psicólogos
La actitud no es algo fijo ni innato. Puede desarrollarse y fortalecerse, incluso cuando parece que no está presente.
Trabajemos ese potenciador natural que nos ofrece el cerebro y que, en algunos casos, hay que construir casi desde cero.
Mediante Terapia Cognitivo Conductual enseñamos al adolescente la importancia de la motivación, tolerancia a la frustración, consecución de objetivos y orgullo por la consecución de logros.
¿Te ayudamos con la actitud en los estudios?
Si notas que tu hijo tiene capacidad, pero no logra implicarse, o que las dificultades académicas están afectando a su motivación y autoestima, un acompañamiento psicológico adecuado puede marcar la diferencia.
Ver como su rendimiento académico mejora es el mejor propulsor de una nueva forma de enfrentarse a los estudios, asumiendo retos.