Trastornos del sueño en la Tercera Edad.
Las quejas subjetivas sobre la calidad del sueño son muy frecuentes en las personas mayores.
Se estima que entre el 25% y el 40% de los ancianos presentan algún tipo de trastorno del sueño.
Dormir mal no es solo una molestia.
Afecta al estado de ánimo, a la memoria, a la energía y a la calidad de vida.
Cómo cambia el sueño con la edad
Con el envejecimiento se producen modificaciones normales en el patrón de sueño:
Se pasa más tiempo en la cama
Se tarda más en conciliar el sueño
Disminuye el sueño profundo o de ondas lentas (sueño delta)
Se reduce el tiempo total de sueño
Se altera el ritmo circadiano vigilia–sueño
El resultado suele ser un sueño más ligero y fragmentado.
Despertares nocturnos y somnolencia diurna
Durante la noche, el sueño de las personas mayores se interrumpe con mayor facilidad.
Estas interrupciones provocan una peor calidad del descanso y una mayor somnolencia durante el día.
Uno de los factores que influyen es la presencia de trastornos respiratorios durante el sueño, que generan activaciones repetidas y microdespertares.
Apnea del sueño y otros trastornos frecuentes
La alteración más importante del sueño en la Tercera Edad es la apnea del sueño.
Se caracteriza por pausas respiratorias que fragmentan el descanso y reducen su calidad.
Además, existen otros trastornos neuromusculares frecuentes:
Síndrome de piernas inquietas
Mioclonus nocturno, contracciones musculares involuntarias que provocan sacudidas en las extremidades
El mioclonus nocturno se caracteriza por espasmos que aparecen de forma repetida a intervalos regulares, intercalados con períodos sin contracciones.
Estas sacudidas comienzan cuando la persona ya está dormida.
Con frecuencia, el propio paciente no es consciente de ellas.
Son más habituales durante las fases de sueño ligero (fases I y II) y disminuyen cuando aparece el sueño profundo.
La necesidad de levantarse por la noche
Otro factor habitual que interfiere en el descanso es la necesidad de miccionar durante la noche.
Es frecuente que las personas mayores se levanten varias veces, lo que fragmenta aún más el sueño.
La importancia de las rutinas de sueño
En esta etapa de la vida es fundamental establecer rutinas de sueño adecuadas.
Las microsiestas diurnas deben limitarse o desaparecer.
Si una persona mayor duerme durante el día, será difícil que pueda dormir bien por la noche.
Un buen hábito de sueño mejora el descanso, el estado de ánimo y la calidad de vida.
¿Podemos ayudarte?
En la Consulta Psicológica Villaverde trabajamos los problemas de sueño en la Tercera Edad desde un enfoque cercano, respetuoso y adaptado a cada persona.
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