Amar es un arte que pocos cultivan. ¿Te enseñamos?
Es difícil amar a otro más que a uno mismo; pocas veces se logra. A menudo nos conformamos con sucedáneos de lo que debería seguir creciendo hacia la perfección, pero nuestros miedos o la falta de memoria nos hacen estancarnos en relaciones buenas, pero no bellas.
Ojalá pudiéramos sentir por nuestra pareja como el primer día. Sería agotador, es cierto, pero conservar intacta la motivación nos haría "ponernos las pilas" para no dejar que la relación se convierta en algo estable, pero inerte.
De la pasión al "glúteo en calzoncillos"
¿Qué tal vamos con aquel deseo irracional de ver, tocar u oler a nuestra pareja? Tal vez lo hayamos cambiado por poner una mejilla indiferente para recibir unos fríos labios a la vuelta del trabajo.
¿Os acordáis cuando os arreglabais y ambos parecíais "San Luises" para ir a tomar el aperitivo? Mira a tu lado: ahora tú llevas esa bata horrorosa y súper cómoda, y él se está rascando el glúteo en calzoncillos.
Es esa confianza que da asco. Antes, sus "cosas" nos hacían gracia; ahora, la crítica y el "no pasar ni una" son la práctica habitual.
Vivir juntos no es lo mismo que VIVENCIAR juntos
A veces la pareja se vuelve competitiva y olvida que la convivencia no es solo compartir techo, es vivenciar juntos. No se trata de quién consigue más confort, sino de hacer de la vida una aventura, de coger fuerzas para afrontar los malos momentos sintiéndonos arropados.
El amor no es olvidarse de uno mismo. Sigues siendo un ente individual que necesita sus parcelas. Si dejas de ser tú para ser parte del otro, pierdes tu esencia y dejas de nutrir la relación. Para dar, primero tienes que ser.
El truco del "ya le cambiaré"
Querer cambiar al otro es un error estúpido. Es como intentar programar a la persona que quieres para que termine siendo un Frankenstein de lo que a ti te conviene. Si tú no quieres que te cambien, ¿por qué intentas rediseñar a tu pareja?
Pequeños actos de rebelión contra la rutina
Si quieres cultivar el arte de amar, te propongo un cambio de planes:
Cambia la "revisión de tropas": Si no eres alérgico, dedica el domingo a disfrutar y no a hacer limpieza general. Nadie te dará una medalla por tener la casa como una patena, pero te habrás perdido un abrazo, una broma o una siesta llena de paz.
Usa la memoria: Es tu arma más potente. No pierdas de vista qué fue lo que te llevó a esa persona y qué deseabas construir con ella.
Mira, no solo veas: Utiliza la cabeza para planes sorprendentes y las manos para volver a las caricias.
He visto parejas de ancianos que resumen esta lección a la perfección. Ver la ternura de sus manos entrelazadas y cómo se ayudan a caminar es una de las experiencias más bellas que existen. Luchar por ser una de esas parejas está en vuestras manos.