Buscamos la felicidad, pero ¿qué es la felicidad?

La búsqueda de la felicidad es una constante en el ser humano. Y, sin embargo, muy pocos dicen haberla encontrado.

¿Será que no sabemos exactamente qué estamos buscando?

Porque cuando alguien dice que quiere ser feliz, muchas veces lo que imagina es algo así como: estar alegre, satisfecho, lleno de energía, sano, sin problemas, con la cuenta corriente tranquila y levantándose por las mañanas como aquel señor que se sentía Flex.

Y claro. Así, cualquiera quiere ser feliz.

El problema es que ese estado permanente es una utopía. Y perseguirlo nos garantiza una frustración bastante constante.

Tal vez el primer paso no sea “ser felices”, sino revisar qué entendemos por felicidad.

Estar bien no es lo mismo que ser feliz

Estar bien es algo más sencillo.

Estamos bien cuando:

  • No tenemos grandes problemas o los podemos manejar.

  • Nos rodeamos de personas que nos aportan energía.

  • Hacemos cosas que nos gustan.

  • No vivimos desbordados.

Eso ya es mucho. Muchísimo.

Pero la felicidad va un paso más allá. No es solo ausencia de malestar.

Los momentos de felicidad (que no son LA felicidad)

También llamamos felicidad a momentos muy concretos:

  • El nacimiento de un hijo.

  • Una boda.

  • Un “te quiero” inesperado.

  • La curación de un familiar.

  • Encontrar trabajo tras mucho tiempo buscándolo.

En esos instantes hay una descarga emocional potente. Endorfinas a chorro. Cara iluminada. Sensación de estar flotando a tres metros sobre el suelo.

Eso es felicidad… pero en modo emoción puntual.

Es un “estoy feliz”, no un “soy feliz”.

Lo mismo ocurre con el enamoramiento. Ahí directamente hacemos un trueque poco equilibrado: cambiamos neuronas por endorfinas. La realidad se distorsiona, la atención se focaliza 24 horas en la persona amada y todo parece maravilloso.

Pero tampoco eso es la felicidad como proyecto vital.

Es un estado. No una identidad.

Entonces, ¿qué es la felicidad de verdad?

Aquí viene lo interesante.

La felicidad tiene más que ver con una reconciliación personal que con una euforia constante.

Parte de una idea incómoda pero liberadora:
una vida sin problemas no existe.

No podemos eliminar los problemas. Pero sí podemos elegir cuáles aceptamos y cómo los gestionamos. Porque, seamos sinceros, a veces nos metemos en jardines que nadie nos ha pedido que pisemos.

La felicidad empieza en el autoconocimiento.

¿Qué cosas concretas hacen que mi vida tenga sentido?

Para algunos será compartir tiempo con su pareja.
Para otros, caminar por la naturaleza.
Para otros, leer, crear, conversar, cuidar, construir algo propio.

Cada persona tiene su combinación.

Y copiar la receta de otro suele salir regular.

La insatisfacción: el gran sabotaje

Uno de los mayores enemigos de la felicidad no son los problemas. Es la insatisfacción constante.

Compararte.
Desear lo que tiene otro.
Pensar que la vida es injusta contigo.
No aceptar tus límites.
Querer ser alguien distinto.

Si persigues la felicidad ajena, te alejas inevitablemente de la tuya.

La felicidad no nace de la comparación, sino de la coherencia entre lo que eres y cómo vives.

¿Y qué pasa con los problemas serios?

Hay situaciones duras. Algunas inevitables. Algunas brutales.

Integrarlas en la propia historia forma parte del proceso de madurez emocional. No significa que no duelan. Significa que no nos quedamos anclados ahí para siempre.

Los problemas se trabajan.
Las insatisfacciones, más aún.

La felicidad no es ausencia de dolor. Es capacidad de seguir avanzando sin que el dolor lo invada todo.

Aquí conecta mucho con la Psicología Positiva, que no propone vivir en una nube rosa, sino desarrollar recursos internos para sostener la vida real, con sus luces y sus sombras.

La felicidad como estado de fluir

Podríamos definir la felicidad como un estado de fluir en el que:

  • Tu vida tiene sentido.

  • Te gusta lo que haces.

  • Estás donde quieres estar (aunque no todo sea perfecto).

  • Aceptas que hay peajes en el camino.

No es euforia constante.

Es equilibrio.

Es ese momento en el que nada exterior te está arrebatando la sensación de bienestar. Nada en tu cabeza te está atormentando. Estás simplemente donde quieres estar.

Para mí, por ejemplo, puede ser sentarme en una roca frente al mar y ver correr a mis perros.

No es eterno.
Ellos no estarán siempre.
Yo tampoco.

Pero en ese instante hay paz. Y eso basta.

Conclusión: la felicidad no es perfecta, es consciente

No es estar alegre todo el tiempo.
No es no tener problemas.
No es tenerlo todo resuelto.

Es:

  • Conocerte.

  • Aceptarte.

  • Elegir bien tus batallas.

  • Integrar lo que no puedes cambiar.

  • Disfrutar lo que sí puedes vivir.

Y, si en el camino estás soltando endorfinas a chorro porque te has enamorado, disfrútalo. Aunque parezcas un poco tontito y tengas a tu entorno ligeramente saturado con tu entusiasmo.

Son momentos dulces. Y también forman parte del viaje.

¿Te ayudamos a ser feliz?

CONSULTA PSICOLOGICA VILLAVERDE

Centro Psicológico ubicado en la Ciudad de Los Angeles (Madrid).

Atendemos niños, jovenes, adultos, terapia de pareja, tercera edad. Igualmente ofrecemos el servicio de informes periciales.

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