COACHING PSICOLÓGICO: PSICOLOGÍA POSITIVA PARA TU BIENESTAR
La edad adulta… ¡qué importantes nos creemos! Parece que nuestro mundo solo tiene permiso para girar en torno a los logros, al éxito y a coleccionar opiniones como si fueran verdades absolutas.
Salimos a la calle con ese aire de personas triunfadoras y sospechosamente serias; debe ser que, según el manual del "buen adulto", si tienes responsabilidades, la risa te quita puntos de carisma.
Seamos honestos: el sistema de ocio del adulto promedio es, a menudo, una castaña pilonga. Nos venden la casa rural como un mito de "ir a respirar y desconectar", cuando en realidad parece que nos metemos en una bomba hiperbárica para sobrevivir a la semana.
¿La felicidad se compra o se trabaja?
Hay personas que viven como "conseguidores" de metas, olvidando que la felicidad no se compra, se trabaja sin remuneración. A veces, para encontrar el bienestar, hay que renunciar al sendero trillado y atreverse a explorar caminos menos cómodos pero más auténticos.
En esto, los maestros son los niños (y esos adultos valientes, "asimilados a niños", que no han permitido que la madurez les lobotomice la memoria).
Un niño tiene tantas responsabilidades cualitativas como un adulto: tiene que aprender, obedecer, gestionar la frustración de comer espinacas y sobrevivir al anorak hortera que le compró su madre. Y aun así, sonríen.
La diferencia está en la actitud
La gran brecha entre un niño y un adulto no es la responsabilidad, es la capacidad de disfrutar de lo que se tiene.
El niño: Coge una bola de plastilina y construye mundos durante horas.
El adulto: Ve en la plastilina una masa pegajosa que va a manchar la alfombra.
Prefiere dos horas de tele viviendo vidas ajenas para luego quejarse de que mañana hay que madrugar. Hemos decidido que ilusionarse es "inmaduro" y hemos limitado nuestra capacidad de disfrute al circuito social programado.
Terapia de ilusión: Tu mayor proyecto vital
Si sientes que tu capacidad de disfrute está bajo mínimos, quizás es hora de un coaching psicológico para aprender del pasado. No se trata de volver a los pañales, sino de recuperar la terapia para no dejar de ser niños en esencia:
Rompe el rebaño: Si dejas de ser una agenda programada y empiezas a ser una persona, puede que la gente te pregunte "qué puñetas te pasa" al verte sonreír. Es buena señal.
Baila en casa: Ahorras, adelgazas y recuperas el control sobre tu propio cuerpo.
Ejercicio de memoria: Mira al niño que fuiste. ¿Qué pensaría de la persona aburrida en la que te has convertido?
Nunca es tarde para recuperar el único control real que tenemos: nuestra forma de enfrentar la vida. Porque, al final del día, el mayor proyecto vital es tu propia felicidad. Lucha por ella.
¿Te podemos ayudar?
Si quieres recuperar esa chispa o renegociar tus responsabilidades de adulto, en Consulta Psicológica Villaverde estamos listos para escucharte.