Buen viaje, mi querido amigo. Y un beso al Cielo ❤️

los dedos de un motero haciendo la señal del saludo

Perdonadme si hoy no escribo de terapias ni de Psicología, permitidme un desahogo ante un dolor que me cruza el cuerpo como un latigazo.

Me acaba de llamar una chica a la que no conozco pero de la que he oído hablar tanto que, en cierta manera, conozco mucho de ella: la hermana de un paciente. Tenía la peor de las noticias, y jamás pensé en la magnitud de dolor que la pérdida de un paciente me podría causar.

Me doy cuenta de que en este trabajo dejamos parte de nosotros y nos quedamos con parte de nuestros pacientes.

El Chico de la Harley

De repente se me agolpan los recuerdos de muchos años de terapia. Pasar de sesiones semanales a ser la ayuda puntual a lo largo de la vida de una persona que, en cinco minutos, te pone al día. Sabes de sus alegrías y sus penas, conoces a su familia, a sus amigos, lo que le gusta y lo que no. No he visto a esas personas ni esas cosas, pero ya forman parte de mí.

Hoy me he enterado de que ha partido un paciente por el que sentía mucho cariño y un gran respeto por su forma de enfrentarse a la vida, por su humildad a la hora de pedir ayuda, por sus ganas de mejorar.

El Chico de la Harley era grande de cuerpo y de corazón. Un ser humano excepcional. Parecía serio, pero simplemente era tímido y tenía un inmenso corazón. Si tuviera que elegir a un hombre que respetara a las mujeres, este era él; a veces me reía cuando me contaba algo y yo le decía: “Eres el mejor embajador del Feminismo”.

Una huella imborrable

No tenía que pensarlo, le salía de dentro. Al igual que cuidar de distintos animales, casi todos con algún problema (creo que a su último perro le faltaba una pata). Ese era un buen motivo para que él se desviviera con absoluta naturalidad, siempre dando a los demás.

Recuerdo su increíble tatuaje de grafitis, absolutamente espectacular y definitorio de sus pasiones. Siempre escuchando, siempre intentando hacer feliz, comprender, ayudar. Tal vez era demasiado bueno para este mundo.

Ya no podrás ir a ver a Los Angeles Lakers, o tal vez ahora podrás verte la NBA completa. ¡Cómo me gustaría que las cosas fueran así para ti! El baloncesto, tus buenos amigos de siempre, Cantabria, tu moto con la que partiste hacia donde no te vemos pero te haces presente... todo aquello que amaste me recuerda ahora a ti.

Más allá de la distancia profesional

Solo quiero decir que siento una terrible desolación. Un paciente no es solo una persona que viene e intentas ayudar. Conocer su vida hace que te des cuenta de que esa distancia profesional que marca el hecho de ser su terapeuta no te libra del dolor de la pérdida.

Esa distancia que nos imponemos para poder trabajar no impide que quede una semilla de cariño, unos recuerdos, unas risas compartidas, un recibir su dolor para buscar la solución y una alegría por los avances.

Ahora ya no eres mi paciente, ahora eres mi amigo. Solo deseo que ese viaje que has emprendido a lomos de tu Harley te haga libre y sientas, al fin, la plenitud.

"Puedes llorar porque se ha ido, o puedes sonreír porque ha vivido.

Puedes cerrar los ojos y rezar para que vuelva, o puedes abrirlos y ver todo lo que ha dejado.

Tu corazón puede estar vacío porque no lo puedes ver, o puede estar lleno del amor que compartiste.

Puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el vacío y dar la espalda, o puedes hacer lo que a él le gustaría: sonreír, abrir los ojos, amar y seguir." — Poema escocés

CONSULTA PSICOLOGICA VILLAVERDE

Centro Psicológico ubicado en la Ciudad de Los Angeles (Madrid).

Atendemos niños, jovenes, adultos, terapia de pareja, tercera edad. Igualmente ofrecemos el servicio de informes periciales.

https://www.almudenapelaez.es
Anterior
Anterior

Duelo. Para superar el dolor, déjalo que fluya

Siguiente
Siguiente

DUELO ¿CÓMO PUEDE AYUDARLE UN PSICÓLOGO?