¿Es tu vida un valle de lágrimas?
Hay personas que sienten que la vida siempre les pone más obstáculos que a los demás.
Que se esfuerzan mucho… pero nunca obtienen resultados.Que otros tienen suerte.
Que el mundo, en general, juega en su contra.
Y sin darse cuenta, entran en un patrón silencioso que se llama victimismo.
Victimismo: el primer ingrediente de la infelicidad
El victimismo no es debilidad. Es una forma aprendida de interpretar la realidad.
La persona que se percibe como víctima suele pensar que:
Hace grandes esfuerzos, pero nada cambia.
Los demás lo tienen más fácil.
Las circunstancias siempre son adversas.
Su mala suerte es casi estructural.
No es que quiera estar ahí. Es que su manera de explicar lo que le ocurre le deja sin margen de maniobra.
Y aquí aparece un concepto clave en psicología y coaching: el locus de control.
¿Qué es el locus de control?
El locus de control es la forma en que atribuimos la responsabilidad de lo que nos ocurre.
Puede ser:
🔹 Locus de control externo
La persona interpreta que sus éxitos y fracasos dependen de:
La suerte.
El azar.
La voluntad de otros.
Las circunstancias.
Cuando predomina este estilo, el esfuerzo pierde sentido. Si todo depende de fuera… ¿para qué intentarlo?
Y ahí el victimismo encuentra terreno fértil.
🔹 Locus de control interno
Aquí la persona entiende que:
Sus decisiones influyen.
Sus acciones tienen consecuencias.
Puede aprender de los errores.
El esfuerzo aumenta probabilidades.
No significa que controle todo. Significa que asume responsabilidad sobre lo que sí puede manejar.
¿Te sientes tan incomprendido como Calimero?
Calimero decía aquello de: “Es una injusticia”.
Y todos, en algún momento, nos hemos sentido un poco así.
La diferencia está en quedarse ahí… o utilizar esa sensación como punto de partida para revisar:
¿Qué imagen estoy proyectando?
¿Estoy esperando que los demás reconozcan algo que yo no estoy mostrando?
¿Estoy intentando o estoy esperando?
El victimismo no siempre es evidente.
A veces se disfraza de resignación elegante.
O de queja constante.
O de “yo ya lo intenté”.
Pero mientras el foco esté completamente fuera, el cambio es imposible.
El puente entre victimismo y locus de control
Aquí está el núcleo del trabajo terapéutico y de coaching.
El victimismo se alimenta de un locus de control externo.
Cuando modificamos la forma de atribuir lo que ocurre, cambia la relación con la vida.
No se trata de negar dificultades reales. Hay problemas objetivos. Hay injusticias. Hay circunstancias duras.
Pero incluso en esos escenarios siempre queda una pregunta:
¿Qué parte depende de mí ahora?
Ese pequeño desplazamiento marca la diferencia entre sentirse atrapado o empezar a moverse.
Apretar los dientes… pero con conciencia
Cambiar el estilo atribucional no significa forzarse a “ser fuerte”.
Significa:
Analizar lo que ocurre.
Detectar patrones repetidos.
Asumir responsabilidad sin culpabilizarse.
Fijar metas realistas.
Actuar aunque no haya garantías absolutas.
Podemos vivir pensando que estamos señalados por la mala suerte…
o podemos revisar cómo interpretamos cada bache.
Cambiar la atribución cambia la percepción.
Y cambiar la percepción cambia la conducta.
¿Se puede modificar el locus de control?
Sí.
Desde la Terapia Cognitivo-Conductual, a través de técnicas de reestructuración cognitiva, trabajamos precisamente ese estilo de pensamiento que mantiene la sensación de “valle de lágrimas”.
No se trata de decirte que todo depende de ti. Se trata de devolverte la parte que sí depende de ti.
Y eso cambia radicalmente la sensación de impotencia.
Tomar las riendas
A cada persona le dieron un boleto: una vida.
No elegimos todas las circunstancias, pero sí elegimos cómo interpretarlas y cómo responder.
Salir del victimismo no es negar el dolor. Es dejar de entregarle el timón.
Si quieres aprender a tomar las riendas de tu vida, revisar tu estilo atribucional y transformar esa sensación de injusticia constante en capacidad de acción, estaremos aquí para acompañarte.